Habiendo ido en carro[628] a la celebración de los grandes misterios, porque me miró por casualidad no sé quién, lo tomó tan a pecho que me estuvo pegando todo el día. ¡Tan celoso era el pobre!
CREMILO.
Sin duda deseaba comer solo.
LA VIEJA.
Solía decirme que mis manos eran hermosísimas.
CREMILO.
Cuando le alargaban veinte dracmas.
LA VIEJA.
Que mi cutis exhalaba un olor suavísimo...
CREMILO.