Es muy justo, por Júpiter, obligar al que de mí ha recibido tantos favores, a hacérmelos a su vez: de otro modo, no es digno de disfrutar del bien más pequeño.

CREMILO.

¿No te manifestaba su reconocimiento todas las noches?

LA VIEJA.

Pero me prometía no abandonarme jamás mientras viviera.

CREMILO.

Muy bien; pero creerá que ya no existes.

LA VIEJA.

¡Ay, amigo de mi alma, estoy consumida por el pesar!

CREMILO.