CREMILO.

Te equivocas; ahora está perfectamente pintada, y si la lavases se le quitaría el albayalde y se pondrían de manifiesto todas sus arrugas.

LA VIEJA.

Para ser tan viejo, me pareces muy poco formal.

EL JOVEN.

¡Ah! Te hace carantoñas y te abraza la cintura creyendo que nadie le ve.

LA VIEJA.

¡No, por Venus! ¡No, infame!

CREMILO.

Hécate me preserve de tal locura. Pero, mi joven amigo, yo no puedo consentir que aborrezcas a esta muchacha.