[543] Contraste chistoso.

[544] Sicofantas. Sobre el origen de este nombre, que según su etimología quiere decir denunciadores de higos (συκῆ, higo, φαίνω, denunciar), se dan distintas explicaciones. Plutarco (Vida de Solón), supone que una antigua ley prohibía la exportación de higos, y a los que delataban a los contraventores se les llamaba sicofantas, habiéndose después generalizado esta denominación a cualquier denunciador. El Escoliasta de Aristófanes ([Pluto, 31]) dice que en tiempo de hambre esta obligó a algunos a robar el fruto de las higueras consagradas a los dioses, concitándose la ira de estos y siendo denunciados los sacrílegos. Ya hemos visto en otra ocasión que muchas gentes no vivían en Atenas de otra cosa que del producto de sus denuncias contra malos e inocentes.

[545] Dios de las riquezas.

[546] Αὐτότατος, lo mismo que Plauto ipsissimus (Trinummus, IV, 2, 146).

[547] Ateniense muy rico, pero tan miserable que la frase «más avaro que Patroclo» se hizo proverbial. Para evitar gastos imitaba a los lacedemonios, comiendo muy frugalmente, dejándose crecer barba y cabellos, y absteniéndose de bañarse.

[548] Los atenienses se lavaban muy a menudo las manos y todo el cuerpo.

[549] Las cortesanas de Corinto eran célebres por su belleza y por lo caros que vendían sus favores, de donde vino el proverbio: Non cuivis homini contigit adire Corinthum.

[550] Clunes ex templo eas huic obvertere.

[551] Sobre el castigo de los adúlteros, que tenía más de ridículo e infamante que de doloroso, véase la nota correspondiente en Las Nubes.

[552] Llamábase así al de Persia, dueño de inmensos tesoros.