Por las dos diosas, tampoco te burlarás impunemente de nosotras, ni dirás más impiedades. A tus sacrílegos actos opondremos el condigno castigo. Pronto un cambio de fortuna te hará sentir sus rigores. — Anda con esas mujeres; trae leña para quemar a este malvado, y asarlo vivo sin pérdida de tiempo.
MUJER SEXTA.
Mania,[107] vamos a buscar sarmientos. — (A Mnesíloco.) Hoy te convierto en carbón.
MNESÍLOCO.
Asad, quemad. — Pero tú, pobre criaturilla, quítate pronto el vestido cretense,[108] y no acuses de tu muerte a ninguna otra mujer más que a tu madre. Mas ¿qué veo? La niña se ha convertido en un odre lleno de vino con zapatitos pérsicos. ¡Oh mujeres astutas y borrachonas, inagotables en ardides para beber! ¡Providencia de los taberneros y peste de los maridos! ¡Polilla de nuestras telas y ajuares!
MUJER SEXTA.
Trae muchos sarmientos, Mania.
MNESÍLOCO.
Sí, trae. Pero, contéstame: ¿dices que has parido este muchacho?
MUJER SEXTA.