MNESÍLOCO.
«Griega; pero yo anhelo saber tu patria.»
EURÍPIDES.
«Mujer, te pareces extraordinariamente a Helena.»
MNESÍLOCO.
«Y tú a Menelao; a lo menos en esos... perifollos.»[143]
EURÍPIDES.
«El mismo: yo soy aquel mortal infortunado.»
MNESÍLOCO.
«¡Oh! ¡Cuánto has tardado en venir a los brazos de tu esposa! Estréchame contra tu corazón, esposo mío; ciñe mi cuello con tus manos; déjame que te bese. Pronto, pronto, arráncame de estos funestos lugares.»