EURÍPIDES. (Fingiéndose Perseo.)

¡Oh dioses! ¿A qué bárbara región me ha traído mi rápido vuelo? Yo soy Perseo, que surcando el éter con mis alados pies, me encamino a Argos, llevando la cabeza de la Gorgona.

EL ARQUERO.

¿Qué dices de la cabeza de Gorgo el escribano?[158]

EURÍPIDES.

He dicho la cabeza de la Gorgona.

EL ARQUERO.

Pues bien, de Gorgo.

EURÍPIDES.

¡Ah! ¿Qué veo? ¿Una doncella semejante a las diosas encadenada a ese escollo como un navío en el puerto?[159]