MNESÍLOCO.

Extranjero, ten piedad de esta mísera, desata mis cadenas.

EL ARQUERO.

Cállate. ¡Habrá audacia como la suya! ¡Está para morir y aún charla!

EURÍPIDES.

¡Oh doncella! Muéveme a compasión el verte encadenada.

EL ARQUERO.

Si no es doncella; si es un viejo zorro, ladrón y canalla.

EURÍPIDES.

Tú desbarras, escita; esa es Andrómeda, la hija de Cefeo.