—Ríe, ríe, picarilla—dijo su padre pellizcándola—; pero no es menos cierto que has hecho los honores a mi tenca y que ambas os habéis alegrado bastante cuando la he pescado.

—Es natural, como que tu gloria al fin y al cabo refluye sobre nosotras—dijo Guadalupe.

—¿También tú?—prosiguió el General amenazándola con el dedo.

—Papá, si me prometes no enfadarte te diría una cosa.

—Di lo que quieras.

—¿No te enfadarás?

—Palabra de aragonés.

—Pues bien esta mañana he leído en un periódico la siguiente definición: «Una caña de pescar es un instrumento al cabo del cual se encuentra siempre un tonto.»

—¡Bah! Y una pluma es otro instrumento al fin del cual se tropieza no pocas veces con un asno.

—¿Lo ves cómo te has enfadado?