Todos reíamos mirando a Pasarón; pero éste se hallaba enfrascado en la lectura sin querer oír o sin oír efectivamente; porque aquel joven no quería prestar atención más que a lo que fuese materia de estudio.
Por eso, cuando uno de los estudiantes de Medicina apuntó la idea de que los árabes eran más cultos que nosotros los cristianos en aquella época, y Moro la corroboró diciendo, en su peculiar forma expeditiva, que los españoles de la Edad Media no éramos más que un hato de ignorantes, Pasarón se lanzó de nuevo a la palestra defendiendo a la ciencia española. Entablóse sobre esto una viva disputa. Inmediatamente se echó de ver la gran superioridad de aquél. Era un torrente de noticias y datos eruditos. Citó tantas obras y nombres, que realmente parecía que los tenía ya en la punta de la lengua. Moro, en cambio, mucho más escaso de ciencia, se defendía con ingenio y salidas tan oportunas, que desconcertaban no pocas veces a su adversario.
Era un espectáculo verdaderamente interesante la discusión de aquellos dos jóvenes, y yo la presenciaba con la boca abierta, pues confieso que jamás había conocido hombres de tanto talento. La palabra de Pasarón era precisa, correcta, fría y un poco monótona. En cambio, la de Moro, vibrante y apasionada, tenía tantos matices, que me llenaba de admiración. Sin embargo, su afición a las paradojas me pareció excesiva, y aunque las explicaba con singular donosura, no me convencían.
Pasarón citaba una regla gramatical.
—¡No hay Gramática!—replicaba Moro con graciosa resolución.
—¿Cómo que no hay Gramática?—exclamaba Pasarón en el colmo del estupor.
—No; la Gramática la han inventado los maestros de escuela para darse el gusto de azotar a los niños y vivir a expensas de los padres.
—Esa es una de tantas paradojas como te complaces en verter, y que tú mismo no tomas en serio.
—Al contrario, la tomo muy en serio, y sostengo que la Gramática no sirve absolutamente para nada.
—La Gramática señala el apogeo de todas las lenguas, porque significa que los hombres se dan clara cuenta de sus medios de expresión. Es el idioma adquiriendo conciencia de sí mismo.