—¿Y por qué no han de ser?—preguntó el médico herido por aquel tono.
—Porque no.
—¡Valiente razón!
—Si no te convence, estudia, que yo no estoy aquí para hacer obras de misericordia.
—¡Uf! ¡El sabio de la Grecia! ¡Apartarse a un lado, señores!
—No soy un sabio, pero no digo que estos animales son cocodrilos, cuando en el río Marañón no se crían cocodrilos.
—¿Qué son entonces?
—Caimanes.
—¡Llámalo hache! Caimanes y cocodrilos vienen a ser lo mismo.
—¡Otra barbaridad! ¿Dónde has aprendido eso?