—Hombre, es de clavo pasado. El caimán y el cocodrilo no se diferencian más que en el nombre. Aquí está don Lorenzo que ha viajado, y puede decir si no es verdad.
—El caimán es algo más pequeño—expresó don Lorenzo con sonrisa conciliadora.
—El tamaño es de poca importancia. La cuestión es saber si tiene o no la misma figura.
Don Lorenzo se inclinó en señal de asentimiento. Maza saltó, hecho una furia:
—Pero, señores. ¡Pero, señores! ¿Estamos entre personas ilustradas o entre aldeanos? ¿De dónde sacan ustedes que caimán es lo mismo que cocodrilo? El cocodrilo es un animal del Mundo Viejo y el caimán es del Nuevo Mundo.
—Dispénseme usted, amigo Maza; yo he visto cocodrilos en Filipinas—manifestó don Rudesindo.
—¿Y qué quiere usted decir con eso?
—Como usted decía que los cocodrilos no se crían en el Nuevo Mundo...
—¡Otra que tal! ¿Las Filipinas son del Nuevo Mundo? Señores, ¡señores! hay que abrir los paraguas. Hoy llueven aquí burradas.
—Pues qué, ¿Filipinas querrá usted decirme que no es Ultramar?—preguntó don Rudesindo con la faz descompuesta.