—¿Estamos muy lejos de Riofrío, amigo?
—No, señor; ya hemos entrado en el concejo de las Brañas. Riofrío, que es la capital, está en el centro mismo. En cuanto salgamos de esta apretura y subamos un repechito corto, lo veremos. A usted no le gustarán estos peñascotes, ¿verdad? acostumbrado a vivir en las ciudades...
—Al contrario, me encantan: esto es hermosísimo.
El seminarista volvió su rostro inflamado por la ginebra, temiendo que Andrés bromease; pero viéndole muy serio, hizo una leve mueca de sorpresa, y arreando al caballo con la vara de avellano que empuñaba, tornó a coger el hilo de su canción favorita.
«La mujer que es gorda y tierna
Y tiene buena pierna...
Y al cura hace pecar,
Mereciera ser condesa, marquesa, duquesa
Y el cura cardenal.»
Y no dio paz al cántico hasta que divisó a una muchacha que llegaba con un cesto sobre la cabeza.
—Hola, Telva, cuerpo bueno: ¿adónde te vas a estas horas, chiquirritilla? Supongo que no será a Lada...
Al mismo tiempo le cerraba el camino con el caballo y le aplicaba golpecitos en las mejillas con la vara.
—Pues a Lada me voy.
—¿Y si te comen los lobos?