—Porque no... Márchese usted.

—¿Me despides?

—Sí.

—Esa es una falta de cortesía.

—¡Bien... mejor!...

—Y tú, que eres una chica amable y bien educada, no serás capaz de cometerla; estoy seguro de ello.

—¡Qué pez me ha salido usted!—dijo ella clavándole una mirada entre respetuosa y burlona.

—No sé por qué dices eso—repuso él con fatuidad.

—Vamos, déjeme en paz y váyase a cazar.

Y al decir esto, fuese a sentar un poco más lejos. Andrés la siguió, y se sentó silenciosamente a su lado. Los dos se miraron un rato, pugnando para no reír.