—Hombre, mantienen la paz.

—La guerra es lo que mantienen. Para librarnos de los ladrones basta la guardia civil. Ellos son los que fomentan el malestar y la ruina de la nación. En cuanto ven las escalas paradas se sublevan en uno u otro sentido, que eso es para ellos lo de menos, y ¡vengan empleos y cruces pensionadas!... Yo sostengo que mientras existan soldados no habrá tranquilidad en España.

—Pero, D. Cristóbal, ¿y si una nación extranjera nos atacase?

El Jubilado dejó escapar una risita irónica y sacudió algunas veces la cabeza antes de contestar.

—Pero ven acá, infeliz, la única nación que puede atacarnos por tierra es Francia, y si Francia se decidiese a hacerlo, ¿de qué nos servirían todos esos oficialitos tan guapos y bien uniformados?

—Además, los soldados son un bien para la población por lo que consumen. Los comercios ganan, las casas de huéspedes lo mismo...

Manuel Antonio defendía a la milicia sólo por oír a Mateo y ponerle fuera de sí. Ahora se observaba un dejo de ironía en sus palabras y mayor deseo de exacerbarle.

—¡Eso es!... ¡Ahora sí que me has apabullado! ¿Y de dónde viene ese dinero que consumen, majadero?... ¡De tí y de mí y del señor, de todos los que pagamos algo al Estado en una u otra forma!... El resultado final es que ellos consumen sin producir, que son un mal ejemplo en las poblaciones, porque la ociosidad en que viven corrompe a los que ya son un poco propensos a la vagancia... ¿Sabes tú cuál es el gasto del ejército? Pues entre los ministerios de Guerra y Marina consumen más de la mitad del presupuesto. ¡Es decir que la administración, la justicia, la religión, los gastos que ocasionan nuestras relaciones con los demás países, las obras públicas y el fomento de todos los intereses materiales no cuestan tanto al contribuyente como esos caballeritos del pantalón encarnado!... Que las demás naciones de Europa tienen un ejército poderoso, bueno, ¿y qué? Allá ellas. Las demás se pueden permitir ese lujo porque tienen dinero. Pero nosotros somos unos pobretes; no tenemos más que fachada... Además, en otros países hay complicaciones internacionales, de las cuales por fortuna estamos libres. La Francia no nos atacará por miedo a la intervención de las potencias; pero si nos atacase, lo mismo nos conquistaría con ejército que sin él...

El Jubilado se repetía, manoteaba para dar nueva fuerza a sus argumentos, echaba fuego por los ojos. Manuel Antonio le dejaba irritarse con visible satisfacción. En aquel momento pasó cerca el grupo de los oficiales, que dieron las buenas tardes cortésmente. Todos contestaron menos D. Cristóbal, que se hizo el distraído.

—Yo creo que está usted muy exagerado, don Cristóbal. ¿Qué tiene usted que decir del capitán Núñez, que acaba de pasar ahora? ¿No es todo un buen mozo y una persona atenta y fina?