—¡Sí que lo son!... ¡Ay, señora! La idea de que usted me tiene por mejor de lo que soy me martiriza.
La sonrisa de D.ª Rafaela se hizo más benévola aún y más indulgente.
Godofredo le contó una historia larguísima de un cuñado comerciante que había dado quiebra a causa de cierta fianza. Quedó en la miseria y con nueve hijos. Su hermana, no teniendo pan que darles, le escribía a menudo pidiéndole dinero. Él publicaba artículos en los periódicos católicos y hacía algunas traducciones; trabajaba cuando podía, pero ganaba poco dinero. Los periódicos y las revistas católicas cuentan con escasos recursos. La riqueza se halla en manos de los impíos. Entonces, sabiendo que su hermana y sus sobrinos pasaban hambre, se aventuró a pedir algunas pequeñas cantidades a varios amigos de D. Jeremías, esperando poder devolverlas pronto cuando en La Paz del Hogar, La España Mística y otros periódicos le pagasen lo que le debían. Hizo más. Cometió un pecado gravísimo... un pecado que le costaba trabajo inmenso confesar... D.ª Rafaela le animó a hacerlo, manifestando que el arrepentimiento borra todas las culpas.
—Pues bien, señora—profirió el joven derramando un torrente de lágrimas.—Para pedir ese dinero he usado del nombre del padre Laguardia. ¿No ve usted bien claro ahora que soy un perverso?
—Ese es un pecado, hijo, pero ya sabe usted que el justo peca siete veces al día. Si usted está arrepentido, Dios en su infinita misericordia...
—¡Oh, sí, señora, a la misericordia de Dios he acudido ya!—exclamó Llot con un hondo suspiro que partía el corazón.—En cuanto llegué a este sitio mandé a llamar al capellán de la cárcel, y a sus pies de rodillas he confesado mis pecados.
—Pues si se ha lavado ya en el tribunal de la penitencia no tenga cuidado. Ya veremos de arreglar eso con D. Jeremías.
—¡Oh! D. Jeremías ha hecho bien en perseguirme y en maltratarme de palabra y de hecho. Merezco mucho más.
—¿Pero le ha maltratado de veras?—preguntó sorprendida la prendera.
—Sí, señora; días pasados, en la sacristía de San Ginés, me injurió y me abofeteó delante de varias personas.