—Pues entonces te voy á confiar un encargo muy delicado. Toma esta carta. Inmediatamente corres á la Segada, llamas en el palacio y dices que la entreguen al señor conde. Y sin aguardar contestación ni entrar en plática con los criados, te vienes á todo escape, no por el camino real, sino por los prados. ¿Serás capaz de hacerlo?

—No es cosa difícil.

—Pues te recomiendo mucho silencio para que esto quede sólo entre los dos.

Octavio introdujo al mismo tiempo una moneda de plata en el bolsillo del chico, que salió dando las gracias.

Una vez solo, llevó ambas manos á la cabeza. Se le partía de dolor. Desnudóse de prisa y se metió en la cama. Pero las emociones de la noche habían alterado demasiado sus nervios para que pudiese dormir. Los genios de la cólera y de la venganza batían las negras alas sobre su frente pálida. Revolcóse sin fin entre las sábanas como si estuviesen llenas de alfileres. Sólo cuando rayaba el alba logró cerrar los ojos con un sueño inquieto y fatigoso.

XIV
Á medianoche.

AÚN no ha caído la última hoja de los árboles y ya arde el fuego en la chimenea. ¿Quién tendrá frío?

El gabinete es rojo. Las espesas cortinas de damasco, que caen formando pliegues sobre la alfombra, no dejan paso á la claridad de la luna. La estancia yacería en tinieblas si no fuese por los troncos de roble que forman allá en el fondo un rincón luminoso.

Arden en silencio; la mitad está convertida en brasa. Algunas llamas fugaces y azuladas los coronan y se extinguen alternativamente. Al desaparecer dejan en su puesto blancos penachos de humo, que no tardan en ascender por el estrecho cañón á tomar el fresco de la noche. De vez en cuando se desprende, con ruido seco, algún pedazo de brasa, y rodaría hasta la alfombra sin la intervención salvadora de dos cabezas de bronce enlazadas por una barra de hierro que guardan la entrada del agujero. La impasibilidad estoica con que se dejan tostar por los carbones, antes que consentirles pasar á prender fuego á la casa, es digna de encomio. Cuando salieron de la tienda eran doradas y relucientes, y representaban dos mujeres hermosas. Ahora son negras y nadie sabe lo que representan.