Excmo. Sr. Conde de Trevia.

Si mañana sales á cazar con tu señora, abre mucho los ojos y quizás podrás ver á quien te roba la honra.

UN AMIGO.

Después de cerrarla y escribir el sobre llamó á la criada.

—¿Se ha acostado ya tu hermano?

—No, señorito.

—Pues hazme el favor de decirle que suba.

Al poco rato se presentó en la sala un muchacho alto y delgado.

—Díme, Juan, ¿te conocen en la Segada?

—No lo creo, señorito, porque como usted sabe, hace pocos días que he llegado de Castilla.