La otra mitad contestaba:
| ¡Ay, diga lo qu'él quería! |
| ¡Ay, diga lo qu'él buscaba! |
La melodía era suave y monótona. En una mitad cantaban las voces agudas, y en la otra las graves, prolongando todas mucho la vocal final del segundo verso:
| ¡Ay, busco la blanca niña! |
| ¡Ay, busco la niña blanca! |
Al instante respondían los otros:
| ¡Ay, que no l'hay n'esta villa! |
| ¡Ay, que no l'hay n'esta casa! |
La condesa se balanceaba cogida al dedo del mayordomo. Á menudo volvía la cabeza para dirigirle una sonrisa. Todos tenían los ojos puestos en ella, mostrando gran satisfacción de verse tan honrados.
| Si no era una mi prima, |
| Si no era una mi hermana. |
Y cantaban las voces graves en seguida, bien enteradas de todo:
| ¡Ay, del marido pedida! |
| ¡Ay, del marido velada! |