N*** 1.º de Octubre de 187...
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De Homobono Pereda á su amigo Manuel Ruiz Pérez, secretario primero de la sección de literatura del Ateneo de Madrid.
Mi querido Manolo: He leído tu carta con el mismo placer y atención que si fuese un artículo de Tiberghien ó Leonardi. Eres tan erudito y piensas tan derecho, que la ciencia fluye de tu pluma hasta cuando tratas los asuntos más insignificantes. Los párrafos que en tu epístola dedicas al contenido necesario de la voluntad y á la existencia del principio sobre-individual en el yo son admirables y me han causado profunda impresión.
Lo mismo digo de las palabras que consagras al desenvolvimiento de nuestras facultades interiores, cada una en sí misma y todas en relación armónica entre sí. Juzgo como tú que es imprescindible apartarse de toda falsa relación entre estas facultades si se quiere evitar el desorden interior que es su consecuencia indeclinable. No puede darse la armonía en las relaciones exteriores del hombre mientras la vida interior no esté rectamente ordenada en sus facultades y diversas tendencias; y para que este orden se establezca, precisa que concibamos el destino del hombre en su unidad, como abrazando todos los fines particulares que en él se contienen. Tanta mella han hecho en mi espíritu tus atinadas observaciones, y tanto he meditado sobre ellas, que al cabo me he decidido á realizar importantes reformas en mi modo de vida. No puedo ocultarme por más tiempo que hay en ella un principio de desorden que ya está produciendo notables desequilibrios, el cual desorden se halla sostenido, á no dudarlo, por un predominio nocivo del pensamiento sobre las otras facultades interiores. ¡Y cuán cierto es que el cultivo exclusivo del pensamiento conduce al orgullo!
Mi padre me significó el deseo de que me presentase candidato para diputado á Cortes en las próximas elecciones. He visto en ello un medio muy adecuado para ejercitar mi voluntad desmayada, y le respondí que tendría mucho gusto. Hemos empezado ya nuestros trabajos electorales, que, entre paréntesis, no puedes figurarte lo que repugnan á mi educación científica, pues en todos ellos se atacan directa ó indirectamente las bases fundamentales del derecho público, coartando de un modo ó de otro la libertad del elector. Tengo por contrincante al conde de Trevia, apoyado por todos los elementos reaccionarios del distrito. Los curas me hacen una guerra encarnizada propalando que soy un impío. Si el ser impío consiste en detestar la forma histórica que actualmente reviste la religión, es verdad lo que dicen, pero de ningún modo si consiste en no tenerla. Los que creemos, como tú y yo, que la religión es uno de los fines racionales de la vida, ¿cómo hemos de ser irreligiosos?
Me pides que te sugiera algún pensamiento para un drama, pues quieres hacer tus primeras armas en el teatro, y me preguntas si entre estas ásperas montañas no encontrarías alguna acción interesante que pueda servirte de tema. No, amigo mío. Aquí hallarás la belleza objetiva de la naturaleza en todo su esplendor, la cual no sirve gran cosa para expresar adecuada y completamente el complejo organismo de la vida humana, que es lo que tú intentas. La poesía dramática, como sabes mejor que yo, no expresa la belleza objetiva exterior (aun cuando se den en ella elementos objetivos), sino la belleza objetivo-subjetiva, donde se hallan indisolublemente unidos hechos interno-externos y psico físicos en enlazado concierto. Lo que estas fragosas sierras te pueden proporcionar es una decoración grande, imponente, pero no el hecho de la vida humana que constituye el fondo de toda composición dramática, porque aquí los afectos y las pasiones no se elevan al grado de energía y dignidad necesario para que exista ese juego encontrado de sentimientos y caracteres sin el cual no es posible que se produzca la emoción estética. Por lo demás, con los vastos conocimientos filosóficos que tú posees y los especialísimos estudios que has hecho en la estética, no dudo por un momento que escribirás una obra maestra y que alcanzarás un éxito ruidoso en el teatro. Á mi entender, están haciendo falta obras macizas, con un fin objetivo, con un pensamiento trascendental que las informe y las preste consistencia. Las obras más celebradas hoy á mí me suenan á hueco y no veo en ellas otra cosa que una forma bella guardando un pensamiento muy frívolo. Mientras los hombres de ciencia no se apoderen del teatro, no pasará éste de ser un fútil y agradable entretenimiento.
Nada más por hoy. He estudiado todo el día y tengo la cabeza como un horno.
HOMOBONO.