Aquella misma tarde se convino dar gracias a Dios al día siguiente con una solemne fiesta. Resultó que casi todos los marineros salvados habían ofrecido lo mismo, oír misa descalzos en el altar del Cristo: era una oferta muy común en Rodillero en los momentos de peligro y que venía de padres a hijos. Y en efecto, a la mañana siguiente se reunieron en la ribera, y desde allí, cada compaña con su patrón a la cabeza, se encaminaron lentamente hacia la iglesia descalzos todos y con la cabeza descubierta. Marchaban graves, callados, pintada en sus ojos serenos la fe sencilla y ardiente a la vez del que no conoce de esta vida más que las amarguras. Detrás marchaban las mujeres, los niños y los pocos señores que había en el pueblo, silenciosos también, embargados por la emoción al ver a aquellos hombres tan fuertes y tan ásperos humillarse como débiles criaturas. Las viudas, los huérfanos de los que habían quedado en la mar iban también allí a rogar por el descanso de los suyos: se habían puesto un pañuelo, un delantal, una boina, cualquier prenda de color negro que les fue posible adquirir en el momento.
Y en la pequeña iglesia de Rodillero el milagroso Cristo les aguardaba pendiente de la cruz, con los brazos abiertos. Él era también un pobre náufrago, libertado de las aguas por la piedad de unos pescadores; había probado como ellos la tristeza y la soledad del océano y el amargor de sus olas. Doblaron la rodilla y hundieron la cabeza en el pecho, mientras la boca murmuraba plegarias aprendidas en la niñez, nunca pronunciadas con más fervor. Los cirios de que estaba rodeada la sacrosanta imagen chisporroteaban tristemente; de la muchedumbre salía un murmullo levísimo. La voz cascada y temblorosa del sacerdote que oficiaba rompía de vez en cuando el silencio majestuoso del templo.
Al concluirse el oficio, Elisa y José se encontraron en el pórtico de la iglesia y se dirigieron una tierna sonrisa; y con ese egoísmo inocente y perdonable que caracteriza al amor, olvidaron en un punto toda la tristeza que en torno suyo reinaba, y en viva y alegre plática bajaron emparejados la calzada del pueblo, dejando señalado,[170.1] antes de llegar a casa, el día de su boda.
NOTES.
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[1.1] Asturias, province of northern Spain. Since 1833 it has been called, officially, by the name of its capital, Oviedo, though the older name remains in ordinary usage.
[1.2] Rodillero, the real name is Cudillero.
[1.3] ya que no, even if not.
[1.4] se las puede haber, it may vie. Haber(se) las con, "to deal with," then "to dispute with," "to rival." Las, as also the sing. la, is found in numerous idioms in an indeterminate sense, though representing, at least originally, some feminine noun understood; not necessarily cosa. Cf. [page 94], note 1, and [page 104], note 4.
[1.5] cuando se mienta... a, when mention is made of. Impersonal reflexive, substitute for passive.