—¿Y cómo fue eso?
—Pues nada, muchacho, se fueron a pique porque quisieron—le contestó uno.—Cuando veníamos todos con el borriquete medio relingado y con muchísimo ojo, [86.2] y que no nos llegaba la camisa al cuerpo, [86.3] vemos que Tomás iza el trinquete en el palo del medio... Me parece que no había acabado de relingar cuando ¡zas! dio vuelta [86.4] la lancha...
—¿No quedó flotando alguno?—preguntó Bernardo.
—Sí; vimos tres o cuatro.
—¿Y por qué no los recogisteis?
—Porque pasábamos muy lejos de ellos... Detrás de nosotros y bien a barlovento venía Joaquín de la Mota... Pensábamos que él los recogería.
—¡Pensabais! ¡pensabais!—exclamó Bernardo indignado.—¡Lo que yo pienso es que debierais ir entre guardias civiles a la cárcel así que saltasteis en la ribera!
—¿Por qué, morral,[87.1] por qué?—preguntó el otro lleno de ira.—¿Qué íbamos a hacer nosotros, pasando más de un tiro de carabina lejos de ellos? ¿Querías que por salvarlos a ellos nos ahogáramos todos?
—¡Ahogaros! ¡ahogaros!... ¡La lástima fue esa![87.2]... ¿Y por qué no arriasteis de plan[87.3] la vela y no os acercasteis bogando?
—¡Cállate, burro, cállate! ¿Crees tú que estaba la mar para que hiciéramos dulces con ella?[87.4]