Y aplacándose de pronto, añadió:
—Mira, esas armas... repáralas bien... Desde el siglo XV están colocadas sobre la puerta de la casa de Meira... (no esta misma piedra, porque según se ha ido enlazando con otras casas fue necesario mudarla y poner en el escudo nuevos cuarteles,[115.1] pero otra parecida). En el siglo pasado quedó definitivamente fijada con la alianza de los Meiras y los Mirandas... Son cinco cuarteles; el del centro es el de los Meiras: está colocado en lo que se llama en heráldica punto de honor[115.2]... Sus armas son: azur y banda de plata, con dragantes de oro; bordura de plata y ocho arminios de sable[115.3]... Tú dirás—añadió D. Fernando con sonrisa protectora,—¿dónde están esos colores?... Es muy natural que lo preguntes, no teniendo nociones de heráldica... Los colores en la piedra se representan por medio de signos convencionales: el oro, míralo aquí en este cuartel, se representa por medio de puntitos trazados con buril; la plata, por un fondo liso y unido; el azur, por rayitas horizontales; los gules, por rayas perpendiculares, etc., etc.... es muy largo de explicar... Los Meiras se unieron primeramente a los Viedmas, y aquí está su escudo en este primer cuartel de gules y una puente de plata de tres arcos, por los cuales corre un caudaloso río; y una torre de oro levantada en medio de la puente; bordura de plata y ocho cruces llanas de azur[115.4]... Después se unieron a los Carrascos, y aquí tienes a la izquierda su cuartel, partido en dos partes iguales: la primera de plata y un león rapante de sable; la segunda de oro y un árbol terrazado y copado, con un pájaro puesto encima de la copa y un perro ladrante al pie del tronco[115.5]... Ni el pájaro ni el perro se notan bien, porque los ha destruido la intemperie... pero aquí están... Más tarde se unieron a los Ángulos: su cuartel es de plata y cinco cuervos de sable puestos en sautor[116.1]... Tampoco se notan bien los cuervos... Por último, se unieron a los Mirandas, cuyo cuartel es de oro y un castillo de gules en abismo, sumado de un guerrero armado con alabarda, naciente de las almenas, acompañado de cinco roeles de sinople y plata, puestos dos de cada lado y uno en la punta[116.2]... Todo el escudo, como ves, está coronado por un casco de acero bruñido de cinco rejas.
Nada entendió el marinero del discurso del señor de Meira; mirábale de hito en hito con asombro. El mar balanceaba suavemente la barca.
—De la casa de Meira—siguió D. Fernando con voz enfática—han salido en todas las épocas hijos muy esclarecidos; hombres muy calificados... Demasiado sabrás tú que en el siglo XV D. Pedro de Meira fue comendador de Villaplana, en la orden de Santiago,[116.3] y que D. Francisco fue jurado[116.4] en Sevilla y procurador en las Cortes de Toro.[116.5] También sabrás que otro hijo de la misma familia fue presidente del Consejo de Italia:[116.6] se llamaba D. Rodrigo: otro, llamado D. Diego, fue oidor de la real Audiencia[116.7] de la ciudad de Méjico y después presidente de la de Guadalajara. En el siglo pasado, D. Álvaro de Meira fue regidor[116.8] de Oviedo y fundó en Sarrió una colegiata y un colegio de primeras letras y latinidad; bien lo sabrás.
José no sabía absolutamente nada de todo aquello; pero asentía con la cabeza para complacer al desgraciado caballero, el cual se quedó repentinamente silencioso, y así estuvo buen rato, hasta que comenzó a decir, bajando mucho la voz y con acento triste:
—Mi hermano mayor, Pepe, fue un perdido... bien lo sabrás...
En efecto, era lo único que José sabía de la familia de Meira.
—Le arruinó una bailarina... Los pocos bienes que a mí me habían tocado, me los llevó amenazándome con casarse con ella si no se los cedía... Yo, para salvar el honor de la casa, los cedí... ¿No te parece que hice bien?
José asintió otra vez.
—Desde entonces, José, ¡cuánto he sufrido!... ¡cuánto he sufrido!