—Está bien... Desde aquí voy á la Pola á despertar al señor juez para que envíe por ti... Ya dirás en la cárcel lo que sabes.

El rostro de la Pura se cubrió de intensa palidez y balbuceó:

—Haz lo que quieras... Yo nada sé...

—Pues adiós... ¡Hasta pronto!

Nolo dió unos cuantos pasos precipitados monte abajo...

—¡Ven acá!—le gritó Pepa.

Tornó á subir y acercándose á ella con semblante airado le preguntó:

—¿Quieres hablar?

La Pura guardó silencio unos instantes; luego dijo:

—Si te doy alguna noticia, ¿me juras que no dirás de quién la has sabido, que nunca saldrá de tu boca mi nombre?