—¿Por qué lo juras?
—Por lo que tú quieras.
—Júralo por la salud de tus padres.
—Lo juro por la salud de mis padres.
—Que no te cases jamás con Demetria ni vuelvas siquiera á verla.
—Que todo eso suceda si llego á declarar tu nombre.
La Pura vaciló todavía. Le parecían pequeños aquellos juramentos. Al fin encontró otro más terrible.
—¡Que se os muera de la peste todo el ganado que tenéis en la cuadra!
—¡Que se nos muera!