—Nada me has hecho, Demetria... pero hay cosas... hay cosas...

—¿Qué cosas? ¡dí!—articuló impetuosamente la zagala.

—Corren por el valle unos rumores...

—Dí cuáles son. ¡Dílo pronto!

Nolo vaciló; movió los labios repetidas veces sin articular ninguna palabra. Luego profirió rápidamente:

—Se dice que no has caído á la mina; que Plutón te ha llevado engañada y que allí hizo contigo cuanto quiso.

—¿Y tú lo crees?

El mozo guardó silencio.

—Pues bien, yo te juro que eso no es cierto. Plutón no me ha llevado engañada: me caí yo y él me sostuvo, pero en vez de sacarme bajó conmigo por la chimenea. Dentro de la mina quiso aprovecharse, pero le salió caro, porque le di con la hoz en la cabeza y le tumbé en el suelo... Creí que le había matado; escapé por la mina y me perdí...

Nolo guardó silencio unos momentos; luego dijo: