El actuario bebió el vaso de sidra con toda calma, lo depositó igualmente en el poyo, sacó el pañuelo y se limpió la boca tres ó cuatro veces con más sosiego aún bajo la mirada impaciente de D. Félix.
—Usted habrá oído hablar de una sociedad establecida en Gijón que se llama Unión Carbonera...
—No señor ni gana—respondió el capitán con su acostumbrada viveza.
—Es una sociedad muy respetable, compuesta de personas de posición, que se dedica á la explotación de minas...
—Sí, de minas y tontos... Todas esas sociedades son pillería.
—¡No! ¡no, D. Félix!—exclamó el actuario inflando los carrillos y abriendo mucho los ojos.—Ésta es muy respetable.
—Bueno, es una pillería respetable. Adelante.
—Pues esa sociedad—prosiguió D. Casiano, no sin sacudir antes con severidad su cabeza de troglodita—tiene denunciados hace años dos cotos mineros en Laviana, uno en Tiraña y otro en la cuenca del río de Villoria... Y es el caso que ahora quiere empezar la explotación de este último ampliando la línea férrea de Carrio hasta Villoria...
D. Casiano se detuvo.
—Adelante, hombre, adelante—exclamó con impaciencia D. Félix.