—Nunca; el sindicato tiene seguridad de que antes de un mes subirán a trescientos.

Los pocos que estaban en la broma rieron. Los demás fijaron en ellos sus ojos con curiosidad.

—¿Qué es eso de los volcanes, Pinedo?—preguntó la esposa de Calderón.

—Señora, se ha formado una sociedad para establecer volcanes en las poblaciones.

—¡Ah! ¿Y para que sirven esos volcanes?

—Para la calefacción, y además como objeto de adorno.

Todos comprendieron ya la burla menos la linfática señora, que siguió preguntando con interés los pormenores del negocio. Los tertulios reían, hasta que Calderón, entre risueño y enojado, exclamó:

—¡Pero mujer, no seas tan cándida! ¿No ves que es una guasa que se traen Pepa y Pinedo?

Estos protestaron afectando gran formalidad, pero la primera dijo al oído del segundo:

—Si será pánfila esta Mariana, que hace ya tres meses que el general
Cruzalcobas le está haciendo el amor y aún no se ha enterado.