La viuda se volvió bruscamente hacia Jiménez Arbós sin ocultar su agitación y le preguntó en voz baja y alterada:

—¿Has oído algo de que Osorio esté arruinado?

—Sí, lo he oído. Osorio viene jugando a la baja hace tiempo y los fondos se empeñan en subir—respondió el estadista levantando la cabeza con gesto petulante de pavo real.

En el tono con que pronunció estas palabras se advertía satisfacción.
Para un ministro, jugar a la baja es siempre un crimen digno de castigo.

—Yo no sé lo que tendrá comprometido en esta liquidación; pero si es mucho está perdido, porque el consolidado ha subido un entero. Y si se empeña en no liquidar inmediatamente, a fin de mes puede tener muy bien dos enteros de alza.

Todo el buen humor de Pepa había desaparecido de repente. Bajó la cabeza y dejó caer el tenedor sin ánimo para concluir el trozo de jamón de York que se había puesto. El ministro, observando su silencio y su tristeza, le preguntó:

—¿Tienes por casualidad fondos en su poder?

—Por casualidad, no … ¡por estupidez mía! Tiene en su mano casi toda mi fortuna.

—¡Oh diablo, diablo!

—Se me está haciendo rejalgar en el cuerpo lo que he comido. Creo que me voy a poner mala—dijo la viuda poniéndose realmente pálida.