—Pues yo te digo que no me preocupa nada y te ruego que hablemos de otra cosa.

Clementina se mostraba más altanera y desdeñosa cuanta más insistencia veía en Pepa. Su orgullo, siempre alerta, le hacía suponer que ésta había preparado aquella conferencia para mortificarla.

—Es que … querida mía, debo advertirte que tu marido no especula solamente con su capital—dijo la viuda picada ya.

—¡Ah! ¡Ya pareció aquello! Vamos, tú tienes algunos ochavos en poder de Osorio y temes perderlos, ¿verdad?—dijo Clementina con sonrisa sarcástica, reprimiendo su cólera con trabajo.

Pepa se puso pálida. Una ola de ira le subió también del corazón a los labios. Estuvo a punto de echarlo todo a rodar y ponerse a reñir como una verdulera, para lo cual tenía dotes especialísimas; pero un pensamiento interesado, un pensamiento de conservación la contuvo. Si rompía con su amiga, si la irritaba, las probabilidades de salvar su capital disminuían. Comprendió que el mejor partido era no excitar su naturaleza indómita, esperar que la amistad o su mismo orgullo la impulsasen a la generosidad. Hizo un esfuerzo para reprimir sus ímpetus ante la mirada altiva y provocativa de su amiga y dijo con abatimiento:

—Pues sí, Clementina, te lo confieso. Tu marido tiene en su poder lo poco que poseo. Si lo pierdo me quedo sin una peseta. No sé qué será de mí…. Antes que depender de mi yerno, prefiero pedir limosna.

—Pedir limosna, no. Te traeré a casa para acompañarme en lugar de Pascuala—dijo con desdén la dama, en quien la soberbia aún no se había apaciguado.

Pepa sintió más este flechazo que el anterior, pero logró contenerse también.

—Vamos, chica—dijo volviendo a cogerla por las muñecas cariñosamente—, no me eches a la cara los millones. Si he venido a aburrirte con estas cosas, es porque te tengo por mi mejor amiga. Ya sé yo que se exagera mucho, y que la envidia anda suelta por el mundo. La mayor parte de lo que cuentan de las pérdidas de Osorio, probablemente no será verdad….

—Y si lo fuese, la cosa tiene poca importancia para mí. Figúrate que hoy mismo me ha dicho mi madrastra que me deja por heredera de toda su fortuna.