Nati le había echado un feroz pellizco en el brazo.
—Para que no vuelvas a echar piropos a nadie delante de tu mujer—dijo medio en serio, medio burlando.
—Chico, si me hubieses dicho todo eso por la mañana me hubiera durado todo el día—le dijo Amparo riendo—. Pero ahora … ya ves, nos dormiremos en seguida….
—Pero vamos a ver. Amparo—manifestó Rafael afectando seriedad—. ¿Por qué has dejado a Manolo, un chico joven, simpático, de las primeras familias de España, por un tío asqueroso, viejo, baboso como Salabert?
El chiflado marqués hizo un gesto de contrariedad.
—Déjanos en paz, Rafael.
Amparo, poniéndose seria también, le contestó:
—Yo no le he dejado. Nos hemos dejado mutuamente, por conveniencia de ambos. No dirá él que yo le he despedido….
Manolo asintió con la cabeza por no contrariar a su ídolo, aunque otra cosa le constase.
—Pues es una lástima, porque él sigue más chalao por ti que nunca…. Y tú, aunque aparentes lo contrario, creo que algo te queda allá en el fondo.