—Creí que le había matado, porque cayó redondo al suelo.
—Así, así. No hay cosa más ridícula que andar dibujando tajos en el aire y haciendo ruido con los sables como en el teatro. Un buen golpe recto, partiendo de la inmovilidad, ¡esa es la manera de concluir pronto!
—Murió Alvarito,
Dios le tenga en gloria;
Bebamos una copa a su memoria.
volvió a cantar Rafael con voz engolada levantando la copa de champagne.
—Vamos, a este chavó ya se le ha subido San Telmo a la gavia—dijo la
Amparo.
Pepe y Alvaro sonrieron y continuaron comentando el lance. Los demás, menos Conchilla, les fueron dejando; se pusieron a charlar con animación, trincando a la vez de lo lindo. Rafael estaba empeñado en que Ramoncito les contara sus amores. ¿Se había declarado ya a la hija de Calderón? ¿Le había dado esperanzas? La verdad es que la niña no encontraría, por mucho que buscase, partido tan ventajoso como el de Ramoncito, un muchacho formal, en buena posición, con un porvenir en la política….
Aunque Alcántara parecía que hablaba en serio y expresaba las mismas ideas que al propio Ramoncito le bullían constantemente en la cabeza, éste recelaba, y con razón, de su buena fe. Además, la presencia de aquellas mujeres, y más especialmente la de León, le molestaba mucho. Rechazó, pues, con mal humor todas las instancias que le hicieron para que abriese su pecho, y les rogó, muy fruncido y encrespado, "que hiciesen el favor de no romperle más la cabeza". Con esto desistieron de reirse a su costa y la emprendieron con Manolita Dávalos. El joven marqués, desde un diván donde yacía solitario, contemplaba sin pestañear en extática adoración a su ex querida.
—Ven acá, Manolito; acércate un poco, hombre—le dijo León.
—¿Para qué?—preguntó el marqués aproximándose con semblante avergonzado.
—Para que charlemos un poco…. Y para que estés cerca de lo que más quieres…. Haces bien en estar enamorado de esta barbiana. Todo se lo merece. No hay en Madrid una mujer que le ponga el pie delante en hermosura, en garbo, en salero…. ¡Qué ojos! ¡qué cejas! ¡qué boquita de rosa!… ¡Hasta las orejas! ¡Mira qué primor de oreja!… Me las comería cada una de un bocado…. ¡Uy! ¡uy! ¡uy!