Se refería al asilo de ancianas, del cual era D.ª Carmen la principal protectora.
—Va muy bien. Sólo que la marquesa de Alcudia no quiere continuar siendo tesorera. No sabemos a quién se ha de nombrar.
—Por supuesto, los sábados se despoblará aquello.
—¿Pues?—preguntó inocentemente la señora.
—Porque se marcharán a Sevilla todas sobre escobas.
—¡Bah, bah! No hagas burla de las pobres ancianas—replicó riendo—.
También tú y yo somos dos viejos….
—Verdad, verdad—dijo el banquero poniéndose afectadamente grave y triste—. Somos un par de trampas que el día menos pensado nos escurrimos para el otro barrio, sin sentirlo.
Había visto una entrada oportuna para la conversación que apetecía: se apresuraba a aprovecharla.
—No; tú estás fuerte y robusto. Aún puedes dar mucha guerra en el mundo…. Pero yo, querido, ya tengo un pie en el estribo.
—Los dos lo tenemos, los dos. En pasando de los sesenta no hay día seguro….