—Bien; pues de todos modos quiero ir—dijo con mal humor y recelosa—.
Me traerás una invitación.
—¿Qué más quisiera yo, querida, que traerte una invitación? Si sabes de alguna persona a quien yo deseara más ver en el baile que a ti, dilo…. Pero mi mujer y mi hija me sacarían los ojos, ¿sabes?
—¿Y qué tengo yo que ver con tu mujer y tu hija?—preguntó la irascible malagueña—. Tú eres el amo. Yo quiero una invitación y la tendré. Quedamos, pues, en que mañana me la traerás….
—Dispensa, chiquita….
—¡Ah! ¿Conque no quieres? ¿Conque te niegas a darme ese gusto? Entonces, grandísimo gorrino, embustero, ¿por qué no hablas claro? Es decir que yo te estoy aguantando, viejo sucio, te estoy siendo fiel como si fueses el chico más guapo de Madrid, y cuando se trata de complacerme en una cosa insignificante te llamas andana. ¡Ay, que tío! La tonta es una en guardar consideraciones a quien no las merece. Y luego, ¿quién me va a rechazar? ¡La de Osorio! ¡Olé mi vida!… Siento mucho decírtelo, hijo, aunque bien debes saberlo. Clementina, en cuanto a conducta, vale tanto como yo … menos que yo, porque al fin y al cabo soy libre, y ella no…. Pero tú tienes menos vergüenza que ella…. ¡Qué se puede esperar de un hombre que se pone de rodillas delante de una p… y se deja abofetear por ella! Lo mismo que de todos esos pendones viejos que irán a tu baile y que nos pueden poner a nosotras escuela de porquerías.
La bella soltaba o mejor vomitaba estos y otros insultos acompañados de interjecciones de cochero, paseando furiosa por la estancia. De pronto se paró delante del duque y le gritó hecha una hiena:
—¡Sal de aquí, so gorrino! Sal de mi casa. Me escupo yo en tí y en tus millones.
Salabert soltó una carcajada.
—Amparito, nunca te he visto tan enfadada, ni tan guapa tampoco….
Aquí está la invitación—dijo sacando la cartera.
—Métela en …—exclamó la sultana con desprecio.