—Yo no te he dicho que no te quería … sino que conviene que cortemos nuestras relaciones.

—¡Es igual!

—¡No, chiquillo, no! no es igual…. Puedo quererte, y sin embargo, por circunstancias especiales, no convenir que tenga contigo entrevistas secretas…. No todo lo que uno quiere se puede hacer en el mundo….

Y se perdió en un laberinto de razones especiosas, de cuya falsedad ella misma se daba cuenta turbándose un poco al decirlas. Daba vueltas a unas mismas ideas, vulgarísimas todas, supliendo la fuerza y el peso de que carecían con lo vivo y exagerado de los ademanes.

Raimundo no la escuchaba. Al cabo de unos momentos se levantó bruscamente, se enjugó las lágrimas y salió de la estancia sin decir palabra. Clementina le miró alejarse con sorpresa.

—Te aguardo—le gritó cuando ya estaba en el pasillo.

Veinte minutos después se presentó de nuevo con un paquete entre las manos.

—Aquí tienes las cartas—dijo con aparente tranquilidad.

Su voz estaba alterada. Una palidez densa cubría su semblante. Clementina le dirigió una penetrante mirada de curiosidad donde se pintaba asimismo la inquietud. Pero dominándose le dijo con naturalidad:

—Muchas gracias, Mundo. Ahora las quemaremos si te parece…. Iremos a la cocina….