—¿Es usted naturalista?—le preguntó después.

—Estudio para serlo. Mi padre lo ha sido….

Mientras le mostraba su preciosa colección con el gozo especial no exento de desdén con que los sabios enseñan sus trabajos a los profanos, le fué enterando de su vida sencilla. Al llegar a la enfermedad de su madre volvió a conmoverse y las lágrimas a brotar a sus ojos. Clementina le escuchaba con atención, recorriendo con la vista los cartones que le ponía delante, dejando escapar algunas palabras, ora de elogio a los matizados insectos, bien de compasión cuando Raimundo llegó a describirle la muerte de su madre. Afectaba desembarazo, distracción. No lograba, sin embargo disipar la confusión en que la ponía el extraño paso que había dado, la situación anómala en que se hallaba. Salió de ella bruscamente, como hacía siempre las cosas. Se puso seria y tendió la mano al joven, diciéndole:

—Mil gracias por su amabilidad, señor Alcázar. Me voy, celebrando mucho que no haya sido el objeto de su persecución el que yo sospechaba…. De todos modos, sin embargo, le ruego no continúe en ella…. Ya ve usted; soy casada, y cualquiera podría pensar que yo la aliento o doy algún motivo….

—Pierda usted cuidado, señora. Desde el momento en que a usted le molesta me guardaré de seguirla. Perdóneme usted en gracia del motivo—respondió el joven apretándole la mano con naturalidad y afectuosa simpatía que lograron interesar a la dama. Pero no lo demostró. Al contrario, se puso más seria y emprendió la marcha hacía la sala. Raimundo la siguió. Al pasar delante de ella para abrirle la puerta, le dijo con franqueza seductora:

—No valgo nada, señora; pero si algún día quisiera usted servirse de mi insignificante persona, ¡no sabe usted el placer que me causaría con ello!

—Gracias, gracias—repuso secamente Clementina sin detenerse.

Al llegar a la puerta de la escalera y al tirar del pasador, el joven vió asomar la cabecita curiosa de su hermana en el fondo del pasillo.

—Ven aquí, Aurelia—le dijo.

Pero la niña no hizo caso y se retiró velozmente.