Llegará un día, y el Cielo lo traiga pronto, en que esos autómatas asesinos de mujeres y niños, saldrán de su estupor hipnótico y horrorizados de sí mismos caerán de rodillas delante de sus hijos y les pedirán perdón de haberles escandalizado tanto, de haber ultrajado ante sus ojos infantiles el honor del género humano, de haber querido arrancarles del corazón aquello por lo que solamente el hombre puede vivir y debe morir.
La Estrategia de Napoleón
——
Ayer pasé el día en Marly y la Malmaison. Es placentero para el cuerpo reposarse del ruido de la metrópoli y gozar unos instantes del sosiego y la frescura de los campos. Lo es más aun para el espíritu huir de la realidad cuando es enfadosa y refugiarse en el pasado. Los dramas más dolorosos, cuando se contemplan de lejos y están ya sepultados en el abismo del tiempo, recrean nuestra alma en vez de atormentarla. No es otro el secreto del Arte. El mundo, como pura representación, nunca hace daño.
En Marly no hay rastro de la Corte fastuosa que lo habitó. Es una plácida aldea donde se oye el mugir de los ganados y los crujidos de la guadaña. Así y todo recorrí sus bosques y praderas con respeto, evocando la figura del Rey Sol, que tanto se placía en aquellos lugares. Su amor excesivo á Marly fué occasión para que uno de sus cortesanos le dijese en un arrebato de adulación que «la lluvia de Marly no mojaba». Luis XIV tenía el esófago ancho, pero no pudo tragar este bocado.