El ahorro francés
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«Francia tiene un «gato»; es necesario quitárselo», decía el Príncipe de Bismarck á sus amigos. Y, en efecto, siguiendo sus instrucciones, los discípulos de hoy quisieron repetir la hazaña. Pero los franceses han guardado tan bien el gracioso animal que es ya caso imposible que aquéllos pongan la mano sobre su lomo.
¡Pobre animalito! ¡Tan dulce, tan inocente, tan rollizo! Sería triste que los bárbaros se apoderasen de él. Seguro que con su piel harían correas de fusiles y con sus mantecas engrasarían las llaves de los cañones.
No hay casa en Francia, por humilde que sea, donde no ronque en algún oscuro rincón uno de estos felinos, pequeño o grande. Conocí á un funcionario del Municipio que mantenía á su esposa, su suegra y dos hijos con un sueldo de 140 francos mensuales. Así y todo, me confesó que separaba 15 todos los meses para su «gato». El día en que no pudiese darle siquiera unos céntimos de cordilla, el francés se moriría de ictericia.
El Shah de Persia declaraba hace años á un periodista que lo que más le admiraba en Francia era el ahorro.
Yo creo que si hubiera visto á una estanquerita que vive en la rue de Clichy lo hubiera puesto en segundo lugar.