Los dos ideales
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La Europa no atravesó un momento más crítico después de la caída del Imperio de Occidente. El vulgo supone que la presente es una guerra de comerciantes: no sabe que lo que está en litigio es el concepto del Estado y el concepto mismo de la vida.
Luchan actualmente el ideal germano y el latino. El primero nutrido en otros tiempos por el panteísmo idealista, cayendo después en el pesimismo y por fin en el monismo materialista, es hoy francamente anticristiano. Sus directores invocan, es cierto, el nombre de Dios; pero entiéndase que es un dios alemán con un Estado Mayor infalible y cañones de infinito alcance; un nuevo Jehova que se deleita escuchando los gritos de dolor de los enemigos de su pueblo.
La moral germana ha subvertido la antigua escala de los valores, de acuerdo con el pensamiento de su último filósofo, Federico Nietzsche. Los buenos son los fuertes y los malos los débiles. No hay más que un instinto primordial al cual debemos obedecer, el de aumentar nuestra fuerza. Esta es la ley fundamental de la existencia. La moral es una invención humana; Dios, el bien, la verdad, fantasmas creados por nuestra imaginación. No hay más que una realidad natural, la vida. El individuo sano y fuerte que ama la vida es el único digno de vivir. El que busca el bien y la verdad por ellos mismos y no por amor á la vida es un degenerado.
No se crea que estos principios se encuentran expuestos en tal ó cual pensador aislado de Alemania. Unas veces velados, otras ostensibles, aparecen en muchos de los libros que allí se publican de algunos años á esta parte. Léase con cuidado el manifiesto con que sus intelectuales han pretendido excusar la invasión de la Bélgica y la destrucción de sus ciudades y se verán latir dentro de él.