—No soy un asesino. Aunque lo que usted ha hecho conmigo es una indignidad..., una porquería, voy a hacerle a usted el honor de batirme con usted.
—Eztimando ese honor, amigo. ¿Zabe uté una cosa que estoy pensando?... Que está uté un poquirritiyo...—apoyando el dedo índice en la sien—. No se ofenda uté.
—No me ofendo. Sí; loco debo de estar cuando, en vez de patearle a usted la cara hace poco, he aguardado para decirle muy cortésmente que es usted un canalla.
El malagueño cambió su natural color aceitunado por otro algo más bajo; pero no pareció alterarse. Guardó silencio unos momentos, dio un par de chupetones al cigarro, que eternamente tenía entre los dientes; separolo después de la boca, soltó el consabido chorrito de saliva por el colmillo, quitó la ceniza con el dedo meñique y dijo tranquilamente:
—Vamo; uté quiere, por lo vizto, buya.
—Bulla, no. Quiero matarle a usted. Ya se lo he dicho.
—E igual, porque yo no he de morir zin un poquito de buya. Pero voy a decirle a uté un sentimiento que tengo ayá dentro, y no lo eche uté a mala parte... Creo yo que todo ezo del duelo, y lo padrino, y la espada, y lo zable ez una guaza, ¿zabuté? Cuando un hombre le hace a otro mala zangre, para deshogarze no necesita tanto compá de espera. Pero, ademá, el matarse en este cazo me paece, ¿zabuté?, una gran zimpleza.
—Será lo que usted quiera—repliqué con viveza—, pero estoy dispuesto a que nos matemos.
—¡No ze apure uté, buen hombre! Nos mataremos.
Hablábamos en voz muy baja y procurábamos ambos sonreír diciéndonos estas ferocidades; de suerte que los que allí estaban creían que departíamos amigablemente.