—Nos mataremos, zi uté tiene tanto empeño... Pero conzte que yo cuando le he vizto a uté a la reha con eza niña no he ido a buscarle buya.
—¡Hombre, tiene gracia! ¿Y por qué me la había usted de buscar?
—Puez por la misma razón que uté me la busca a mí... ¿Es uté el marío de eza joven?... ¿Es uté zu padre o zu hermano?... Pue entonce, ¿con qué derecho me quiere uté privá de hablar con eya zi eya tiene guzto en hacerlo?... Uté la ha conocío en lo mizmo día que yo...¿A uté le ha guztao zu palmito y zu aquel? También a mí. ¿A uté le han apetecío lo cien mil duro de la dote?... Lo mizmito me ha sucedío a mí, compare. Uté ha comenzao a hacerle rozca... Yo también ze la he hecho. Por conziguiente, igualito. Llevará el gato al agua el que la niña quiera. Paece que ahora zoy yo. ¿Qué quiere uté hacerle?
—No estoy enteramente de acuerdo con esa opinión; pero no discutamos... Tiene usted un modo de apreciar las cuestiones demasiado..., demasiado prosaico, por no emplear otro calificativo... Se preocupa usted mucho de los duros...
—¿Y uté les ezcupe, compare?
—Voy a suplicarle a usted un favor..., y es que no me llame usted compadre.
—Hombre, uté me dizpensará que pida un vazo de limón para que uté reflezque... Etá uté muy nervioziyo... Cuando le haya a uté pazao eze fogonazo de celo que ahora le ha dao, ze reirá de lo que etá diciendo y haciendo... Que no le haga buena tripa el verme a la reha con la niña que uté creía chalaíta, se comprende bien; pero que uté se dizpare de ese modo, vamo, compare (uté dizpense, amigo), me paece a mí..., digo que no eztá en lo regulá.
—No me disparo porque esa mujer u otra cualquiera deje de quererme o prefiera a otro, entiéndalo usted bien. Es muy libre de hacerlo. Lo que no tolero es lo que usted ha hecho, con bien poca delicadeza por cierto..., preparar una escena tan fea y vergonzosa con el solo propósito de humillarme. Si usted se hubiera dirigido a mí, diciéndome: «Gloria ya no le quiere a usted; me quiere a mí», en cuanto lo comprobase convenientemente le dejaría a usted el campo libre y quedaríamos tan amigos, al menos en la apariencia.
—Alto ahí, amigo. La escena de que uté habla no ha zío preparada por mí, sino por eya. Por empeño zuyo fui a la reha un poco antes de las once. Es maz: quize oponerme a eyo porque zabía que eza era la hora en que uté echaba zu parrafiyo; pero la niña lo tomó por too lo alto, y no hubo má remedio que conformarze.
—Permítame usted que lo dude.