Me miró con la misma expresión curiosa y burlona de otras veces, bajó después la vista y, trascurrido un momento de silencio, levantose de la silla para subir al cuarto. Con el mayor disimulo la retuve suavemente por el hábito, diciendo al mismo tiempo en voz de falsete:
—¿Cómo se llamaba usted?
—¡Chis, suelte usted!
Y dando un tirón se alejó, no sin dirigir una rápida mirada de temor a la madre.
IV
Peteneras y seguidillas.
¡