Lo mismo que me dirigiese al muelle que al Campo Caín, que a los Arcos del Ayuntamiento, en todas partes escuchaba el mismo estribillo. ¡Qué horrible congoja! Hasta paseando un día por la vecina aldea de la Magdalena oí cantar al hijo de un labrador el famoso «Armando la quiere más».

En fin, que si me trasladase a los antípodas era seguro que allí también Armando la querría más.

Años después, cuando ya estudiaba yo la carrera de Jurisprudencia en Madrid y me afeitaba la barba, habiendo venido a Avilés a pasar algunos días del verano, al cruzar por una callejuela solitaria, acerté a ver sobre el viejo muro de una huerta esta leyenda trazada con carbón:

Concesa y Armando.

Me hizo sonreír. Yo era un sabio en aquella época y desde lo alto de mi ciencia contemplaba aquellos pueriles amores con soberano desdén.

Hoy desde lo bajo de mi experiencia los miro con un poco más de respeto.

XXVI
PARÉNTESIS

Salta este capítulo, lector minúsculo, pues no va dedicado a ti, y permite que un instante desahogue mi pecho oprimido con aquellos que como yo ven cercana la fatal ribera y a quien hace ya señas el adusto barquero.

¡Con qué placer evoqué los seres que alegraron mi niñez! Mi fantasía los representa con los rasgos que tenían, escucho su voz, miro su sonrisa o su gesto severo, contemplo su marcha: unos son dulces, afectuosos, otros graves, éstos melancólicos, aquéllos alegres, los otros grotescos; pero todos amables, porque todos habían sido enviados por Dios para hacerme dichoso.

¿Dónde estáis, nobles seres que compartisteis mi amor y mi alegría? Una mano glacial os arrebató para siempre de mi lado. ¡Para siempre! Horrible palabra que oprime mi corazón y me llena de estupor. Si la muerte es la separación definitiva, si nunca más os volveré a ver, valiera más que no nos hubiéramos juntado un instante en este pequeño globo que nada indiferente por los abismos del espacio. ¿Viviréis en otras regiones luminosas, inmarcesibles y seréis dichosos como lo merecíais, o la mano cruel que os arrebató os habrá precipitado en una noche eterna?