Y he aquí cómo a los tres años de edad era ya lo que fuí después toda mi vida, un conservador forrado de socialista o un socialista forrado de conservador, como mejor se quiera.
Hay otra impresión que guardo también muy viva de esta época. Me veo sentado a la mesa en una silla de brazos estrecha y alta. Sirven una fuente de truchas, me ponen una y yo me empeño en comerla con los dedos como había visto hacer a Mateo el nieto de la Colasa, una mujer que venía a casa a fregar los suelos. Mi madre se opone resueltamente y me da un ligero golpe en las manos. Esto me irrita y enciende más mi deseo. Vuelvo a tomar un pedacito de trucha con los dedos y mi madre me aplica otro golpe más fuerte. Grito, me obstino, y a viva fuerza quiero hacer mi voluntad. Entonces mi madre encolerizada se levanta, me da unas cuantas bofetadas, me arranca de la silla, y me lleva a un cuarto obscuro y me deja allí encerrado. Lloré y chillé tumbado en el suelo hasta quedar rendido. Al cabo observé que el ruido de platos cesaba, que la comida había terminado y mi madre se retiraba a su gabinete.
Poco tiempo después se abre la puerta de mi prisión, entra mi padre, me levanta, me besa y tomándome en brazos sube conmigo hasta su despacho, me deja allí y baja de nuevo subiendo en seguida con la fuente de las truchas.
Me sienta en su sillón, me pone un plato delante y dice con resolución:
—¡Ahora come como quieras!
Y se cruza de brazos para verme comer con los dedos.
Ya sé que esto es muy poco pedagógico y que mi madre tenía razón sobrada para castigarme. Sin embargo, no puedo recordar esta escena sin sentirme enternecido.
X
COMETO UN ASESINATO
Todo hombre ha merecido alguna vez la horca en el curso de su vida, dice Montaigne. Yo la merecí en edad bien temprana, pues no contaba más de cuatro años de edad. Oíd cómo sucedió:
En aquel tiempo existía en Avilés un monstruo llamado don Gregorio Zaldua. Este monstruo no comía los niños crudos como suelen hacer los otros monstruos; pero impedía que los niños comiesen nada ni crudo ni asado, y el resultado era igualmente funesto.