—¡Bueno va!—¡Oblíguela usted, padrino!—¡Vivan las novias saladas!
Todos palmeteaban y chillaban jaleando á los bailadores. Algunos tomaron puñados de almendras de la mesa y las arrojaron al aire, cayendo como una nube sobre ellos.
La novia se fatigó antes que el padrino. Esto causó gran regocijo. El viejo fué felicitado con entusiasmo.
Pepa, jadeante, dijo:
—Que baile ahora Soledad para quitarles á ustedes el amargor de la boca.
—¡Que baile! ¡que baile!—gritó la reunión.
Soledad hizo signos negativos con la cabeza.
—Déjenla ustedes ahora: Soledad no está templada todavía—manifestó Velázquez afectando desenfado.
El rostro de la joven se contrajo con expresión sombría, y volviéndolo hacia Antoñico dijo en voz baja:
—No soy guitarra para templarme.