—¡Ya, ya! Es que se fía poco de mi gusto.

—¿Tan echao á perder lo tienes?

—Estragaíto del todo, querido... Figúrate que hace ya un mes que no puedo comer más que cosas frías.

—¿Me quieres comer á mí?

—Por lo frío podía pasar, pero eres demasiado duro.

—Mírame un ratito con esos ojillos puñaleros y me verás derretío.

—Te estoy mirando hace un año y no veo ninguna pringue en el suelo.

—¿Á que no me esperas esta noche en la reja de tu casa?

—¿Á que no echas conmigo un bailecito?

—Vamos á verlo—replicó el guapo levantándose.