—¿Y Antoñico?
Turbóse Soledad al escuchar la pregunta y exclamó con ímpetu:
—¡No me hables de ese charrán!
—Me han dicho que ha vuelto á juntarse con María—repuso el caballero riendo.
—¡No es por eso, no!... Al contrario... me parece lo único decente que ha hecho en su vida, pero...
Iba á contar la bajeza que con ella había cometido, pero se detuvo á tiempo. El relato de lo acaecido la perjudicaba más á ella.
—Le llamo charrán porque lo es. Todo el mundo lo sabe—concluyó bajando la voz.
Quedó un momento silenciosa con el rostro fruncido.
—Bueno, hasta mañana en el barco... Voy allá porque tu me lo mandas—manifestó al fin dándole la mano.
—No; yo probablemente no podré ir.