Marta experimentaba siempre en este gabinete una sensación de bienestar y alegría que no gustaba en las demás habitaciones de la casa. Había en esta sensación una mezcla religiosa de respeto y enternecimiento en que se confundían todos los recuerdos de la infancia impregnados de ese amor filial exclusivo, fervoroso y absorbente, que produce la cólera rabiosa de los niños cuando la niñera les arranca de los brazos paternos y el ansia de ir a ellos cuando vuelven a tenerlos cerca. Así que tuvo fuerzas y habilidad para hacerlo, nunca permitió que nadie arreglara aquel cuarto más que ella. Por la mañana pasaba siempre media hora de amable sosiego y dulzura limpiando los enormes sillones, que le costaba gran trabajo mover de su sitio, y haciendo la vasta cama de don Mariano. Sentíase feliz en medio de aquella habitación grave y patriarcal. Los colosales armarios, la mesa, los sillones, los cuadros y las figuras circunspectas de los tapices posaban sobre ella una mirada silenciosa y benévola, en la cual sentía agitarse la gran sombra protectora de su padre.

Ricardo quedó parado ante un retrato.

—¿Esta es tu tía, eh?... ¡Cómo te pareces a ella!... Lástima fue que se hubiese muerto tan joven... Era una mujer muy simpática.

—¡Ya quisiera yo parecerme a ella!... Era alta y yo soy chiquita.

—¿Qué importa eso?... Te pareces y mucho... Y es natural, después de todo, porque se parece a tu padre y tú eres Elorza de los pies a la cabeza. ¡Qué grandes armarios de libros tiene don Mariano!... Hay aquí para entretenerse un rato...

—Pues María se ha leído la mayor parte.

—¿Y tú?

—¡Oh, yo leo muy poco!... Soy muy holgazana... Papá dice que me estorba lo negro—repuso la niña con su ingenua sonrisa y un poco avergonzada. Después añadió:—Mira tú, Ricardo, no es verdad completamente lo que dice papá. Aunque no tenga afición a los libros, algunos me gustan; pero apenas tiene uno tiempo para tomarlos en la mano... Yo no sé cómo me arreglo que no tengo una hora mía..., unas veces por uno y otras por otro...

—Confiesa, chica, que no te gustan y punto concluido.

—Si tú quieres lo confesaré, pero no es verdad; algunos me gustan.