—Hombre, ya sabes que hoy es un día para mí excepcional.
—Pues lo siento, porque después iríamos juntos al Congreso y tal vez, si la sesión terminase temprano, pudiéramos ir á la Presidencia.
A Miguel le sedujo esto último, porque veía claramente que sus treinta mil duros pendían de la influencia que supiese conquistarse. Después de meditar un momento, dijo:
—Está bien, pasaré un recado á mi mujer para que no esté intranquila.
Se sentó á la mesa de Mendoza mientras éste se vestía, y puso cuatro letras á Maximina. Al escribirlas, no pudo menos de decirse con dolor: «¡Extrañas circunstancias las que me obligan á dejar á mi esposa sola al día siguiente de haberme dado un hijo! Por ella y por él, sin embargo, lo hago. Si fuese solo, poco me importaría arruinarme».
Después de vestirse, y antes de bajar al comedor, Mendoza mostró á su amigo las joyas que iba á regalar á su futura. Eran magníficas y de última novedad. Miguel las alabó como merecían, pensando, no obstante, de dónde sacaría Perico el dinero para comprarlas. Y aunque buenas ganas se le pasaron de preguntárselo, tuvo la delicadeza de no hacerlo. Pasaron después á un gabinete particular del piso entresuelo, donde Brutandór tenía costumbre de almorzar solo. El camarero les sirvió un almuerzo excepcional, con ostras, vino de Borgoña y champagne helado á los postres.
—Esto es un exceso, Perico—le dijo.—Otra vez te prohibo que me trates con tal cumplimiento.
—El señorito almuerza siempre así—dijo sonriendo con visible satisfacción el camarero.
—¡Hola!—exclamó Miguel sorprendido.—¡Quién había de decir, Perico, que aquellos artículos de fondo tan pesados que escribías en La Independencia se habían de convertir pronto en ostras, filetes de ternera y borgoña! ¡Esto sí que en realidad es «el verbo hecho carne... y vino!»
Brutandór bajó la cabeza, y hubo datos para creer que aparecieron en su rostro señales precursoras de una sonrisa. No obstante, si alguno se empeñase en negarlo, no le faltarían argumentos para sustentar su opinión. Las sonrisas de Mendoza siempre admitían litigio.