En aquel momento una poderosa tentación asaltó el alma constante del mancebo. Llegó á pensar que no había motivo para suicidarse; que valía más dejar las cosas correr; que el mundo daba muchas vueltas y él era demasiado joven para privarse de la existencia. Si Julia se había escapado, con su pan se lo comiera. Matarse era cosa grave, ¡muy grave!

No obstante, su fortaleza, nunca desmentida, logró vencer la horrible tentación.—«No—se dijo,—yo no puedo vivir ya dignamente. Todos los que están enterados de estas relaciones tendrían derecho á reirse de mí. ¡Y de Jacobo Utrilla no ha nacido todavía quien se ría!»

Se echó hacia atrás, apoyó el codo izquierdo en el respaldo del banco reclinando poéticamente la cabeza sobre la mano. Con la derecha acercó el revólver á la sien y disparó.

Ó porque le temblase un poco la mano (suposición que nada tendría de particular si no se tratase de este invencible joven de corazón indomable), ó porque el arma no fuese de las más seguras, lo cierto es que Utrilla cayó malherido, pero no muerto. Fué conducido á la casa de socorro, y desde allí á la suya. Su estado era muy grave. Cuando Miguel llegó de Lisboa á los tres días de este suceso trágico, fué inmediatamente á visitarle. Quedó profunda y penosamente impresionado. La bala había interesado el nervio óptico y el infeliz estaba ciego. La junta de médicos no había dado un veredicto favorable. Estando la bala dentro del cráneo, muy cerca de la masa encefálica, auguraban que no era posible que viviese mucho tiempo. Cualquier movimiento traería consigo la muerte repentina.

Mas lo extraño y terrible del caso es que el infeliz muchacho, ciego ya, yacente en la cama, asaeteado por tremendos y prolongados dolores, no quería morir. Con gritos lastimeros que partían el corazón y arrancaban lágrimas á todos los circunstantes, pedía á su padre y hermanos que le hiciesen vivir, vivir á todo trance, aunque quedase sin vista.

No fué posible. A los doce días de haberse herido falleció aquel intrépido y desdichado joven. Miguel le asistió hasta sus últimos momentos.